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Conozcamos algo más sobre la carne

Conozcamos algo más sobre la carne :: Recomendaciones de consumo

Recomendaciones de consumo

Muchas personas consideran la carne como el alimento nutritivo por excelencia, y la identifican como el alimento más concentrado en proteínas, lo que hace que con frecuencia se consuma en exceso. De hecho, los últimos resultados de estudios sobre hábitos de alimentación de la población española y los datos recientes sobre consumo de carne publicados en el Panel de Consumo del año 2005 coinciden en que el consumo de carne sigue estando a la cabeza respecto del resto de alimentos, de lo que se deduce que España sigue siendo un país eminentemente carnívoro. En el extremo opuesto están los detractores de la carne, que basan la eliminación de este alimento de la dieta en la equiparación del nombre de carne con el de “grasa saturada”. En cualquier caso, es preciso conocer con detalle el valor nutritivo de las carnes, en todas sus variedades, con el fin de consumirlas en su justa medida o, en caso contrario, sustituirlas por otros alimentos que compensen el aporte de nutrientes más abundantes en las carnes. 

El consumo de carne ajustado a los criterios de dieta equilibrada, dando preferencia a las menos grasas, eliminando la grasa visible en aquellas en las que abunde, y alternando las distintas técnicas culinarias -plancha, horno, parrilla, estofados, guisos y frituras- en el cocinado de las carnes es una vía excelente para conseguir parte de las proteínas, de las grasas, y de ciertas vitaminas y minerales, más abundantes en estos alimentos, y que son nutrientes esenciales para el buen funcionamiento del organismo.

No obstante, respecto a las recomendaciones actuales sobre su consumo, los expertos insisten en que se modere su presencia en la dieta y se trate de ajustar la ración media de 120 gramos por persona, incluyendo estos alimentos con la misma frecuencia semanal que pescados y huevos, entre 3 y 4 veces por semana. Y que se contemple además la combinación de alimentos vegetales en la dieta habitual, como cereales, legumbres y frutos secos, como sustitutos de las carnes –sobre todo si su consumo es excesivo- por su aporte equivalente en proteínas de calidad. Por ejemplo, un plato de lentejas con arroz, en lugar de un filete.