Carnes de la A a la Z:
Perdiz

Clasificación y categorías comerciales
La perdiz es un ave que suele medir 35-40 centímetros de longitud y hasta 50 centímetros de envergadura, y su peso ronda los 400-500 gramos. Las perdices criadas en granjas suelen pesar unos 450 gramos, peso que se puede conseguir a las 20 semanas.
Esta ave se caracteriza por tener el cuerpo grueso, el cuello y el pico corto, la cabeza pequeña, y el pico y las patas de color rojo. Se distingue fácilmente de otras aves de caza, además de por su forma física, por su plumaje muy variado -de color pardo rojizo en la parte superior, más vivo en la cabeza y el cuello- y por su banda negra, que va desde el pico hasta el ojo y se prolonga por la garganta.
Los machos no se diferencian de las hembras a simple vista por el plumaje, sino porque los primeros tienen dos o tres espolones en ambas patas, mientras que las hembras poseen sólo uno. Los pollos de menos de un año, llamados perdigones, carecen de espolón.
Estas aves habitan en lugares pedregosos de monte bajo y prefieren también los campos de cereal.
Las perdices que se pueden encontrar en España, tanto en estado salvaje como de cría intensiva para caza o para venta directa como carne, son:
Perdiz roja o perdiz común (Alectoris rufa)
Es la perdiz autóctona española. Habita en la península ibérica, el sur de Francia e Inglaterra, donde fue introducida hace años y en el norte de Italia.
Perdiz moruna (Alectoris barbara)
Se distingue por su ancho collar castaño salpicado de blanco y porque sus mejillas, su garganta y su pecho son de color gris azulado. Es sedentaria de Gibraltar y Cerdeña y hay poblaciones reducidas en regiones del sur de la península, así como en distintas islas del archipiélago canario, como Tenerife, Gomera y Lanzarote.
Perdiz griega (Alectoris graeca)
Presenta un collar negro muy marcado. Esta ave, originaria de otras zonas mediterráneas como Italia, Sicilia, también se asienta en los países balcánicos, y su presencia natural en la fauna aviar autóctona española es nula. Es más corpulenta que la perdiz roja y pesa unos 150 gramos más que ésta. Estas cualidades, junto a su fácil adaptación a sistemas de cría artificiales, la hacen idónea para una producción regular de perdices para el consumo.
Con la introducción de nuevas especies para carne y la suelta de estas perdices en los campos, la pureza genética así como las poblaciones silvestres de la perdiz roja autóctona se han visto en peligro. Con el fin de garantizar la conservación de las especies autóctonas y la preservación de la diversidad genética, desde 1989 está en vigor una ley que regula las especies a comercializar en todo el territorio nacional, que para la perdiz son la perdiz roja (Alectoris rufa) y la perdiz moruna (Alectoris barbara). Esto significa que sólo se podrán comercializar en vivo las especies mencionadas que procedan tanto de las granjas industriales, como de los cotos de caza autorizados para su caza.
